martes, 27 de agosto de 2013

Muchas, muchas novedades

Agosto toca ya casi a su fin, pero este verano me ha dejado muchísimas cosas buenas. Hay grandes noticias al respecto de mi nueva novela: La Portadora de Almas tiene por fin una editorial que ha apostado por ella. Por ahora no puedo contaros mucho más, pero en breve iré desvelando cosillas al respecto: sinopsis, portada, fecha de publicación... Estoy entusiasmada con la idea de que por fin vayáis a poder leerla, y espero que la historia os guste y disfrutéis con ella de la misma manera en que yo disfruté escribiéndola. Pero por ahora, hasta aquí puedo leer.

Pero esa no es la única buena noticia que tengo. Hace poco me planteé un reto. Como sabéis, todo lo que escribo suele ser o bien juvenil o bien terror. Pues bien, este verano me lancé a escribir algo dentro de la temática romántica adulta. Tenía la idea inicial, nada más. Bueno, en realidad partía de la escena que da comienzo a la historia, y todo lo demás fue surgiendo a borbotones. En apenas una semana me encontré con un novela corta: Antes de que digas adiós. Y tengo que decir que el resultado me encantó, y que mis chicas betas también se prendaron de la historia. ¿Cuál es la buena noticia? Pues que también saldrá publicada, incluso antes que La Portadora. Estoy deseando contar todo al respecto, pero también vais a tener que esperar un poco más. prometo que no será mucho.

Al margen de esto, sigo escribiendo mucho, tengo en marcha dos novelas y algunos proyectos en antologías, por lo que no paro un segundo. Y espero actualizar más a menudo con todas las buenas noticias que vaya recibiendo. El verano se me ha ido casi sin darme cuenta, pero la vuelta a la rutina ayudará a que os mantenga al día.

No quiero terminar esta entrada sin agradecer el apoyo de todos los que me seguís y de los que me habéis apoyado para que no me rindiera. Mil gracias.

Como regalo, os dejo un pequeño extracto de "Antes de que digas adiós". Espero que os guste.

"Encontré a mi amigo en su habitación, sentado en el suelo y con cara de estar incluso más borracho que yo. Cerré la puerta tras de mí y me planté delante suyo. Él ni tan siquiera levantó la cabeza.
—¿De qué va este rollo? —le pregunté sin rodeos.
—Leo es un mierda, te he ahorrado tener que soportar su babeo mientras tú... —Gesticuló con las manos, señalándome con cierto desprecio—. Lo que sea.
En realidad no estaba enfadada. Lucas a veces pecaba de protector conmigo, y esta solo había sido una vez más. Pero su gesto, me hizo apretar los dientes.
—Mira quien fue a hablar, el que cambia de chica casi más a menudo que de camisa —le reproché, con la rabia ascendiendo por mi garganta—. No creo que seas el más adecuado para juzgar a los demás.
—¿Desde cuando te dedicas a apostarte tu cuerpo?
Palidecí ante la pregunta.
—¿De qué me estás acusando, Lucas? ¿Qué demonios te pasa?
—Responde a la pregunta —me ordenó con tono inquisitivo.
—Estás borracho —constaté indignada, a pesar de que yo no me encontraba mejor.
—¿Y tú no? Hueles como una maldita destilería.
Solté una carcajada, más debida a la rabia que sentía que a que encontrara la situación graciosa. La cabeza me daba vueltas, o puede que fuera el resto del mundo lo que no dejaba de girar, la ropa se me pegaba al cuerpo y Lucas se estaba comportando como un imbécil.
¡Feliz cumpleaños, Ari!, cantó una voz en mi mente.
Me deshice de la camiseta mojada sin ningún pudor y me desabroché el botón de los vaqueros. Fui hasta su cómoda y abrí un cajón, dispuesta a coger cualquier cosa seca que encontrara.
Lucas se levantó y cerró el cajón de un puñetazo. El golpe resonó no solo en la habitación, sino también en mi cabeza. Su desproporcionada reacción terminó de sacarme de quicio.
—¿De verdad me estás juzgando? —le interpelé encolerizada—. Tú, precisamente tú, que eres incapaz de mantener una relación normal, que te follas a cualquier tía que se te ponga delante y al día siguiente te olvidas de ellas y las dejas tiradas.
Su mirada fue perdiendo brillo, hasta que sus ojos se volvieron de un verde opaco, pero yo había cogido carrerilla y continué con mi pequeña diatriba.
—Deberías felicitarme por mi actitud —afirmé con cinismo—. ¿O es porque yo soy una chica? ¿De eso se trata?
Sabía que mis comentarios le habían hecho daño, y aunque quería retirar lo que había dicho tan pronto como salió de mi boca, me quedé plantada frente a él sin decir nada para arreglarlo. Cabezona hasta el final.
—Eres imbécil, Ari.
—Bueno, al menos no soy una zorra —alegué con sorna—, que es lo que parecía que me estabas llamando."


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